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miércoles, 23 de noviembre de 2016

Por que llamarlos pueblo si se conforman con ser gente.

Los conceptos que engloban a los individuos en una sociedad cada vez son más simples, hemos pasado de que nos llamen y nos traten como a un pueblo, a que nos traten y nos llamen gente, ya que para los cabecillas que nos guían no es lo mismo trabajar para y por el pueblo, que el encargarse de un puñado de individuos, pues en las estadísticas las masas son más fáciles de dividir, odiar, robar y mentir que a las personas que integran un pueblo, ya que el viento en este caso soplaría para todos igual. Los individuos independientes que forman la muchedumbre, además de ser vulnerables en la mayoría de casos también son maleables, y esa convicción facilita mucho las cosas a oportunistas, usureros y demás seres repugnantes que acechan en los descuidos de los incauto, y es por eso que la gente resulta tan suculenta y necesaria en la sociedad que están construyendo, pues interesa que no necesiten más que lo que pueda entender en su individualidad. Pero si por el contrario al individuo se le permite formar parte de un  pueblo, las facilidades no existen si se actúa con mala fe, pues sus costumbres, su historia, sus familias y sus lugares dan la fuerza y la unidad para andar el camino de la prosperidad, como prósperos han sido los pueblos que han contado con las personas adecuadas.

 La globalización no nos ha traído ni nos traerá nada bueno, la gente es un ejemplo de ello: la falta de educación y de respeto, el turismo salvaje, el crecimiento desmesurado y equivocado de las ciudades, los atascos diarios por una mala planificación hacia nuestros puestos de trabajo, los servicios tanto públicos como privados,  y el consumo en general, están ideados y promovidos para y por  la gente, pues la tendencia a la que nos están empujando es a vivir de ella obligándonos a dejar aparcado y olvidado valores que el hombre ha tardado milenios en construir y entender ¿Y cómo hay que actuar ante una sociedad cada vez mas insensible y salvaje? Las legiones de psicólogos que nos estudian solo trabaja para que la maquinaria del derroche y las banalidades no decaiga, ayudando a convertirnos en seres voraces y caprichosos, sin más control que el límite del que disponga nuestro bolsillo.

En la segunda guerra mundial Hitler satanizo a una parte de la población de Alemania encon-trando la diferencia en la religión, los judíos fueron convertidos en un pueblo distinto y de la noche a la mañana dejaron de ser ciudadanos alemanes. Si se piensa como alguien que está dispuesto a llevar a cabo una campaña militar como la que ideo Hitler, es fácil imaginar que sacrificando una parte de la población resolvería muchas de las penurias de los considerados ciudadanos de primera en su nueva Alemania, ya que la financiación de la campaña que idea-ban los Nazis necesitaría una gran cantidad de recursos y servicios, así que despojando a los judíos de sus posesiones y repartiendo sus fuentes de ingresos entre los demás ciudadanos ayudaría a impulsar la ideología Nazi  y con ello la doctrina que necesitaba en el pueblo. 

Existe otro mundo al que debemos llegar, un mundo donde la raza humana se constituya como un pueblo, donde las leyes sean iguales y equitativas para todos, donde el hombre tome de una vez el lugar que le corresponde como animal superior y vele y salvaguarde toda vida tanto en la Tierra como en el resto del universo, donde los culpables sean castigados y los inocentes protegidos, donde la intelectualidad resida en la sociedad y no en capitales privados, donde los recursos y los bienes naturales sean gestionados y valorados por personas y no por Empresas, un lugar donde la edad no sea un problema sino una fuente de sabiduria, donde los enfermos sean atendidos y queridos como iguales. Querer un Mundo es empezar a pensar como un pueblo.

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